lunes, 9 de noviembre de 2015

Honrando el Servicio: Veteranos que se Convirtieron en Empleados de USCIS - Ely Borjal

La siguiente es una entrevista realizada a Ely Borjal, veterano y empleado de USCIS. Borjal pasó 21 años en la Marina de los Estados Unidos y obtuvo el rango de oficial técnico principal. Fue reclutado en la Base Naval Subic, República de Filipinas, el 19 de junio de 1974 y fungió como reparador de maquinaria.

Ely Borjal (con su mano en alto, al centro) se alista por cuarta vez en la Marina de EE.UU. durante su permanencia en el Centro de Entrenamiento Naval en Orlando, Florida
Estuvo 17 años realizando reparaciones técnicas de maquinaria y equipo a bordo de submarinos nucleares. Su liderazgo y experiencia gerencial va desde líder de sección, suboficial, suboficial principal y oficial de división. Durante su última misión, Borjal fue oficial a cargo de un sitio móvil de reparación de submarinos.



Borjal (a la izquierda) felicita a un colega durante su realistamiento

Borjal completó su bachillerato y su maestría en la Roosevelt University y en el Florida Institute of Technology en 1986 y 1988 respectivamente, mientras estaba destacado en el Centro de Adiestramiento Naval en Orlando Florida.


Ely Borjal - Veterano orgulloso


El 21 de mayo de 1996, Borjal se unió al antiguo Servicio de Inmigración y Naturalización como inspector de inmigración. Durante los pasados 19 años, sirvió en varias capacidades y actualmente es oficial de adjudicaciones en la División de Ciudadanía de la Dirección General de Operaciones de Campo en las oficinas centrales de USCIS en Washington, D.C.

 Sr. Borjal, gracias por su servicio a nuestro país. ¿Qué lo motivó a servir?
Crecí en las Islas Filipinas en una parte de Manila que era lo peor – lo pobre de lo más pobre. Mi padre era un obrero y yo era el mayor de 6 hijos con cinco hermanas. La razón principal para unirme a la Marina de los Estados Unidos fue económica. Esa es la verdad más simple. De 2,000 personas que solicitaron yo fui el número 34 que pasó el examen de admisión. Al estar rodeado de pobreza, cuando no estaba haciendo mis tareas mi padre me mantenía fuera de problemas pidiéndome que leyera libros en inglés, y así fue como aprendí a hablarlo tan bien. Después que me gradué de la escuela superior, un amigo que ya se había unido hizo que me interesara en unirme también.

Cuéntenos sobre su carrera en la Marina. ¿Cómo comenzó?

Recuerdo que viajé en un bote desde Filipinas al adiestramiento en los Estados Unidos con nada más que una capa para la lluvia. En comparación con Filipinas ¡estaba helado! Durante nuestra primera noche en los cuarteles nos forzaron a salir en medio de la noche porque alguien estaba fumando en la cama.

Durante el entrenamiento fui sobresaliente y ascendí rápidamente. Fui a una escuela técnica y me convertí en experto en maquinaria. Me convertí en oficial técnico en tan solo seis meses. Mi primera estación de operaciones fue en España en las barcazas de submarinos – barcos que se encargan de los submarinos.

Entonces, ¿cuándo fue que decidió convertirse en ciudadano estadounidense?

Cuando entré en la milicia era ciudadano filipino. Cualifiqué como bombero para trabajar con los reactores nucleares en submarinos. Hice un trabajo arduo y peligroso pero fui exitoso y quería alcanzar más. Para ascender y poder hacer todos los trabajos disponibles y convertirme en un oficial, tenía que ser ciudadano estadounidense. Tomé clases y regresé a la escuela. Investigué por cuenta propia y encontré todo lo que tenía que hacer para solicitar la ciudadanía. Me convertí en ciudadano estadounidense en 1982 en Honolulu, Hawái. 

¿Qué sintió cuando finalmente prestó el Juramento de Lealtad y se convirtió en estadounidense?

Estaba en una ceremonia en un estadio junto a 5,000 personas. La mayoría eran civiles. Me pusieron al frente de la fila porque estaba en mi uniforme de marino. Fui la primera persona en recibir el certificado. Había dignatarios locales que me dieron la mano. Yo pensaba: “¿Estaré soñando?” Recordé mis días de escuela en las Filipinas cuando tenía que empujar carretas, recoger botellas y cartones para hacer algunos “pesos”, hurgar entre la basura, algunas veces por comida. Algunas veces comíamos avena durante todo el mes porque éramos muy pobres.

Hoy comparto estas experiencias con otros que se convierten en ciudadanos estadounidenses. Les digo que tomen ejemplo de mis experiencias y cuán lejos he llegado. No me avergüenza admitirlo. Es por eso que amo este país.

¿Qué diría a los nuevos ciudadanos y a las personas que consideran convertirse en ciudadanos estadounidenses?

Comparto con ellos mi travesía. Les digo a aquellos que consideran convertirse en ciudadanos que tienen que preguntarse a sí mismos si es lo correcto para ellos. Tienes que poner el corazón en ello. No lo debes hacer con motivaciones egoístas. Estamos aquí para contribuir a este gran país. Tienes que hacer un esfuerzo para ser exitoso y obedecer la ley.

Cuando asisto a las ceremonias de naturalización, digo un mensaje de ánimo. Significa mucho, y veo gente que llora. Trato de impartirles a los nuevos ciudadanos que esto no es un pedazo de papel. No es como una licencia de conducir u otro documento. Ser ciudadano estadounidense está en tu corazón, tú abrazas la bandera. De ahora en adelante tú ondeas esa bandera (la bandera americana) en lugar de la bandera del país de donde viniste.

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