miércoles, 4 de mayo de 2016

Parte III: Semana de Reconocimiento al Servicio Público, "La Historia de un Oficial de Refugio: Incontables Historias de Sufrimiento y Pérdida"

En esta serie de cuatro blogs en celebración de la Semana de Reconocimiento al Servicio Público, honramos la dedicación de los empleados de USCIS, quienes cumplen la misión de USCIS de asegurar la promesa de América como nación de inmigrantes.

Por Benjamin Rubenstein

Por seis años, Slava Madorski, Oficial de Refugiados para USCIS, viajaba el mundo entrevistando solicitantes para determinar si se les podía otorgar estatus de refugiados, por motivos de persecución o miedo de persecución. Durante tres de esos años, hasta que tuvo la opción de usar una computadora durante las entrevistas, hacía hasta 40 páginas diarias de apuntes a mano, para registrar sus historias. Una vez, mientras entrevistaba a un hombre en Bagdad, se le fue el bolígrafo de su mano a causa de un caso grave de calambre de escritor.  El hombre, que en esos momentos describía  las torturas y su experiencia cambiando de unas cárceles a otras, río. Madrosky pidió disculpas. “Es la mano. No le he lanzado el bolígrafo.” Fue el hombre más gentil del mundo. Se apenó por mí, mientras yo pensaba, ‘¿Por qué este hombre se apena por mi tonta mano?’ 


Madrosky, 38, nació de padres judíos en la ciudad rusa de San Petersburgo (anteriormente 
A la derecha, Madorsky y su padre, Vladimir, c. 1982 en
Leningrado (actualmente San Petersburgo).
Leningrado durante la época soviética que terminó en 1991). Según ella, su padre quería inmigrar cuando tenía 18 años pero después de la universidad y el servicio militar, aceptó un trabajo como ingeniero que conllevaba autorización de seguridad. Sabía que si intentaba salir de la Unión Soviética, le denegarían una visa de salida y lo pondrían bajo vigilancia.

Cuando nació Madorsky, su padre dejó ser ingeniero para convertirse en reparador de televisiones. Quería un trabajo que no le impidiera intentar salir del país en cuanto caducara su autorización de seguridad dentro de 10 años – y también, ganaba el triple de salario en esa profesión.  “Esa era la antigua Unión Soviética,” dijo Madorsky, “¡¿Que se le va a hacer?!”

Cuando Madorsky tenía 11 años, su familia obtuvo el estatus de refugiado bajo la categoría de grupos perseguidos por razones religiosas. Ella no quería salir hacia los Estados Unidos pero sus padres le convencieron prometiéndole que podría tener su propia habitación. 

Llegaron en Nueva York el 12 de mayo de 1989. Vivieron en un apartamento de solo una habitación en Brooklyn. Le dieron la habitación a Madorsky. “Realmente sentía como si yo estuviera viviendo el ‘sueño americano’,” expresó Madrosky, aun cuando un tiempo, la habitación solo tenía un trozo de gomaespuma para dormir.

“Al venir de la antigua Unión Soviética, no estaba acostumbrada a que la gente me tratara bien. Una de mis cosas favoritas de EE.UU. es la simpatía de la gente. Muchos dicen que los americanos son superficiales cuando te dicen, ‘¡Hola!, ¿cómo está?’ y, ‘¡Qué tenga un buen día!’ “¿En serio?  Imagina en su lugar gente te grite y te frunza el ceño  .” 

En la antigua Unión Soviética no era permitido practicar ninguna religión. Ella recuerda sus padres callándole   cuando les preguntó quién era Dios. Pero otras personas sabían que la familia era judía y les acosaban. En Brooklyn, por el contrario, Madrosky asistió a una yeshivá, una escuela judía ortodoxa, y dice que otros la menospreciaban porque no era lo “suficientemente judía.” 
  
A la izquierda, Madorsky en la Gran Pirámide de Giza en mayo de 2013.
Viajó a Cairo durante un puesto en destaque de
Procesamiento de Refugiados en Sollum, Egipto, en la frontera con Libia.
Su madre es rubia con ojos claros y creció con apellido ruso. No sufrió los perjuicios que tuvo Madorsky, o, peor aún, los que sufrió su padre. Cuando su familia volvió a Rusia de visita después de su graduación en 2001, la perspectiva que tenía su madre sobre Rusia cambió. En una ocasión, mientras estaban en un bus, los pasajeros degradaron públicamente a los judíos y los Madorskys se desplomaron en sus asientos. Su madre dijo, “Esto no es como lo recordaba.”

En 2003, Madorsky volvió una vez más mientras vivía en Polonia. Dice que iría de nueva, pero solo si tuviera “ motivos extremamente apremiantes.”

Madorsky se unió la División de los Asuntos Refugiados de USCIS en 2009. Los oficiales del Cuerpo de Refugiados de USCIS viajan por lo menos 180 días al año. Ella hacía viajes de seis a ocho semanas, y a veces escogía estadías más largas. En 2011, estaba de viaje por 10 meses, incluso 6 meses en Bagdad. También ha viajado a Nepal, Malaysia, Tailandia, Kenia, Etiopía, Jordán, Bahréin, Romania, Egipto y Siria.  Fue la miembro del último grupo que entró a Siria antes de la guerra.  

“En este trabajo ocurren muchas cosas horribles con frecuencia. Aunque puedes ayudar a la gente, solo al escuchar sus historias es desmoralizante porque sabes que estas situaciones pasan y los humanos tienen la capacidad hacerles cosas horribles a los demás.” 

Algo que la ha motivado es su interés profundo en estudiar el crimen de cometer genocidio. Antes ella impartía clases sobre el Holocausto en Auschwitz, Polonia. “Cuando te detienes por un momento y echas un vistazo a  la abrumadora historia  de las atrocidades hechas contra los judíos, gitanos y otros durante el Holocausto, empiezas a comprender que no fue una sola tragedia en masa. Fueron 11 millones de tragedias individuales.”

Madrosky cambió de trabajo en agosto de 2014 y ahora entrena a otros oficiales en cómo hacerles entrevistas a refugiados. Ella quiere crear un programa de capacitación sobre adaptación centrado en los riegos laborales como  estrés traumático secundario y el agotamiento. ”Perdimos contacto con nuestros queridos y nuestras comunidades. Tenemos que aprender funcionar a sin tener una base sólida, mientras absorbemos un sinnúmero de relatos de sufrimiento y pérdida.”

De vez en cuando viaja a dar talleres de capacitación en  y llevar a cabo entrevistas. Pero después de haberse mudado 33 veces a lo largo de su vida, aquí ha sido el lugar donde por más tiempo ha vivido, además de cuando vivió en la antigua Unión Soviética cuando niña.

Madorsky aún escribe, tanto para  su disfrute personal como para su trabajo, pero ahora lo hace en una computadora. Con más de un poco de estoicismo ruso, respondió: “No puedo escribir demasiado, pero está bien.”  

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